Cáncer y Oncología

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La diabetes empeora el pronóstico de los pacientes con cáncer

December 21st, 2008 · No Comments · Cáncer

PEOR MORTALIDAD

Tal vez porque se diagnostican más tarde, porque reciben menos tratamiento o bien porque desarrollen tumores más agresivos… Aunque las causas no están muy claras, un estudio publicado en la revista ‘The Journal of the American Medical Association’ advierte esta semana de que los pacientes con cáncer que tienen diabetes diagnosticada antes de la aparición del tumor presentan mayor riesgo de mortalidad.

Las conclusiones proceden de un meta-análisis realizado por investigadores de la universidad estadounidense Johns Hopkins, es decir, de un trabajo que ha revisado los datos sobre esta cuestión extraídos de otros 48 artículos publicados entre los años 1969 y 2008. Por eso, los propios autores (dirigidos por Bethany Barone), reconocen que deberán ser futuros trabajos los que ahonden en las causas y los mecanismos que podrían explicar esta relación.

“Establece algo que ya sabíamos, pero [el trabajo] no puede aclarar si es así porque se trata de pacientes más frágiles, o porque los tumores que desarrollan son más agresivos. O, probablemente, por ambas cosas”, señala Antonio Llombart, especialista de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).

Los autores, de momento, sugieren varias posibilidades para explicar el peor pronóstico de los pacientes diabéticos con cáncer. Una de ellas podría ser que estas personas tengan mayor tasa de proliferación celular gracias al entorno de hiperglucemia que beneficia a las células malignas. O es posible que reciban un tratamiento antitumoral más conservador debido a los problemas de salud que suelen ir asociados a la diabetes, como la patología cardiovascular, la enfermedad renal crónica o incluso las neuropatías, que acabarían por influir en las decisiones terapéuticas del oncólogo.

“Un paciente joven, con diabetes controlada y ninguna otra patología, recibirá el mismo tratamiento que cualquier otra persona con cáncer”, explica Llombart. “Pero muchos diabéticos arrastran además enfermedad renal, cardiovascular y otras secuelas provocadas por su enfermedad, que nos obligan a orientar de otra manera el tratamiento oncológico. No por la diabetes en sí, sino por sus daños”.

Por otra parte, como sugiere el grupo de Barone en sus conclusiones, tampoco se puede descartar que los diabéticos acudan a la consulta del oncólogo demasiado tarde, y el cáncer se diagnostique en fases ya avanzadas. Algún trabajo anterior, de hecho, ha sugerido que las mujeres diabéticas mayores de 67 años tienen un 17% de riesgo mayor de tener un tumor de mama en estadios avanzados que en sus fases iniciales.

Concretamente, el análisis de los 48 estudios observó mayor riesgo de mortalidad por cáncer entre pacientes con cáncer con una diabetes diagnosticada previamente (41% mayor riesgo que las personas con niveles normales de azúcar en sangre). Este riesgo era más significativo en el caso de los tumores de endometrio, mama y colon; pero no se apreciaron diferencias estadísticamente significativas en el caso de las neoplasias de próstata, estómago, hígado, pulmón o páncreas.

Aunque ya se sabía que los pacientes con cáncer tienen unas tasas de diabetes algo superiores a la población general (del 8%-18% frente al 7%, según el estudio en ‘JAMA’); hasta ahora no estaba muy claro qué ocurría al contrario, si la diabetes influía de alguna manera en un posterior diagnóstico de cáncer.

Por eso, el trabajo concluye recomendando la puesta en marcha de nuevos ensayos clínicos que confirmen estos resultados y demuestren si mejorando los cuidados de la diabetes en pacientes recién diagnosticados de cáncer se mejora también su pronóstico a largo plazo.

“Es una hipótesis interesante”, señala por su parte Javier Menéndez, especialista del Instituto Catalán de Oncología (ICO), “y sugiere algo que ya se está estudiando, que la insulina podría tener un papel dual, tanto para el cáncer como para los trastornos metabólicos como la diabetes”.

Menéndez destaca de hecho que ya hay ensayos clínicos en marcha que tratan de demostrar si uno de los antidiabéticos más prescritos de todo el mundo, como la metformina, mejora el pronóstico de los pacientes con cáncer.

“A nivel molecular sabemos que los receptores de insulina desempeñan un papel importante en las rutas metabólicas del cáncer”, añade por su parte Llombart. “Con la resistencia a la insulina que caracteriza a la diabetes, el organismo crea nuevos receptores para aumentar el metabolismo celular, algo que también afecta a las células tumorales. Unos receptores que algunos tratamientos dirigidos contra el cáncer son capaces de bloquear, y que podrían inhibirse también mediante fármacos antidiabéticos”.

Fuente:El Mundo

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Científicos españoles crean ratones un 40% más longevos y resistentes al cáncer

November 14th, 2008 · No Comments · Cáncer

ANIMALES MÁS SALUDABLES EN SU VEJEZ

  • Los animales viven más y también en mejores condiciones

Super Ratón, el personaje de dibujos animados de la factoría Terrytoons que volaba por las pantallas de televisión en la década de los ochenta con su capa roja, obtenía los poderes de una alimentación especial. En el laboratorio de María Blasco, en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), los roedores obtienen sus ’superpoderes’ de la telomerasa, una sustancia que protege a las células del envejecimiento y permite a los animales ser un 40% más longevos de lo normal.

Los telómeros se parecen mucho al capuchón de un bolígrafo, protegen el final de los cromosomas y salvaguardan a las células del desgaste que van sufriendo en sus extremos: Cuanto más envejece la célula, más se van acortando sus telómeros. Esta relación entre telómeros y envejecimiento se conoce desde 1990, gracias a los trabajos de Carol Greider y Calvin Harley; que descubrieron que cuanto más largos son los telómeros más puede dividirse una célula (y por lo tanto, el organismo se mantiene joven durante más tiempo).

En esta ecuación, la enzima telomerasa (encargada de alargar los telómeros) juega un papel clave. Ya se había demostrado que una sola célula puede llegar a ser inmortal simplemente aumentando sus niveles de telomerasa. Sin embargo, como explica Blasco a elmundo.es nunca se había logrado aumentar la esperanza de vida de un organismo completo (ni siquiera en gusanos o moscas) mediante esta misma fórmula, porque esta enzima no está exenta de riesgos: “La telomerasa per se no es mala, pero las células tumorales también la necesitan, por lo que incrementar sus niveles equivale a aumentar el riesgo de desarrollar un tumor”.

Para lograr la ecuación perfecta, el equipo de Blasco probó a modificar genéticamente a los ratones en una doble dirección: aumentando los niveles de telomerasa para que no envejeciesen e incrementando al mismo tiempo la presencia de varios genes supresores tumorales (p53, p16 y p19ARF) para protegerles del cáncer. Para ello, emplearon un modelo de ratón creado también en las mismas instalaciones del CNIO por el equipo de Manuel Serrano y que es ‘inmune’ al cáncer gracias a sus modificaciones genéticas; y sobre ese ejemplar aumentaron la proteína TERT, responsable de la regeneración de los telómeros.

“Este trabajo [publicado en la revista 'Cell'] es una prueba de concepto de que es posible aumentar la longevidad de un organismo mediante estos cuatro elementos”, subraya Blasco. Y es que no sólo lograron alargar la vida de los animales un 40% sobre los tres años que suelen vivir de media estos animales, sino que lo hicieron en buenas condiciones.

Los nuevos ratones modificados genéticamente presentaban un buen estado neuromuscular a edades avanzadas, mayor tolerancia a la glucosa (lo que equivale a menor diabetes en la vejez) y tejidos más sanos capaces de mantenerse jóvenes durante más tiempo (como la piel y el tracto digestivo, por ejemplo). Trasladado a los humanos, el logro conseguido equivaldría a poder vivir hasta los 120 años.
Aplicaciones contra el cáncer

Sus conclusiones, además, podrían tener aplicaciones inmediatas en humanos, ya que como destaca la investigadora, ya existen compuestos oncológicos que funcionan aumentando el nivel de los supresores tumorales y también hay moléculas diseñadas para aumentar la telomerasa. “Se están usando para el tratamiento de enfermedades relacionadas con el envejecimiento precoz y el acortamiento de los telómeros, como la disqueratosis congénita [un raro síndrome de envejecimiento prematuro], algunas anemias aplásicas, la fibrosis pulmonar idiopática e incluso el sida, puesto que los pacientes con VIH también tienen los telómeros más cortos a causa del estado de su sistema inmune”.

En el estudio han participado también investigadores de la Universidad de Valencia, así como de la Universidad Complutense de Madrid y del Grupo de Supresión Tumoral del propio CNIO que dirige Manuel Serrano.

“La vida es muy robusta”, subraya la investigadora española, “y por eso es muy difícil modificarla, porque todos los elementos del organismo están ajustados a la evolución”. De hecho, añade, envejecimiento y cáncer deben ir de la mano si se quiere ‘manipular’ la longevidad: “No tiene sentido poder vivir más tiempo si se desarrolla un cáncer; y viceversa, estar protegidos del cáncer, si envejeciésemos muy pronto”.

A Blasco le gusta pensar que el cáncer no deja de ser una enfermedad degenerativa más, una consecuencia del envejecimiento celular. “Con los años, las células son menos sanas, por lo que les cuesta más reparar los daños que se van acumulando. Al mismo tiempo, las células acumulan más mutaciones con el paso del tiempo que favorecen que se dividan más de lo normal”.

Al final, explica, se trata de averiguar las causas moleculares del envejecimiento en su conjunto. “Todo tiene relación con la degeneración. Cada persona tiene una susceptibilidad diferente a ciertas enfermedades cuando envejece: Alzheimer, problemas de corazón, pulmonares… Y hay que evaluar porqué las células se degeneran, da igual que sean neuronas o células del corazón”.

Fuente: El Mundo

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