Tags: Cáncer, linfedema, salud
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La fisioterapeuta María Torres Lacomba aseguró hoy que la fisioterapia, si se aplica tras la intervención del cáncer de mama de forma precoz, es “capaz de prevenir o retrasar una de las complicaciones a medio plazo de esta enfermedad como es el linfedema”, que se manifiesta mediante una hinchazón del brazo.
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PRIMER ESTUDIO ESPAÑOL SOBRE LA HINCHAZÓN DEL BRAZO
- El primer estudio español sobre esta cuestión revela desinformación y pocos recursos
- La técnica del ganglio centinela evita esta hinchazón crónica del brazo
El linfedema ‘no es una secuela más del cáncer de mama’. Así lo perciben las mujeres que sufren esta hinchazón del brazo como consecuencia de la extirpación de los ganglios de la axila y que han participado en el primer estudio a nivel nacional sobre este problema. La Federación Española de Cáncer de Mama (FECMA) acaba de presentar sus resultados en Barcelona y sus conclusiones reflejan puntos de vista diferentes según si se pregunta a las pacientes o a los sanitarios que las atienden.
Según este trabajo, pionero en España, una de cada cuatro mujeres con cáncer de mama acabará desarrollando linfedema en el brazo; un problema que puede repercutir muy negativamente en su calidad de vida y que podría prevenirse con una técnica quirúrgica como es el ganglio centinela. Una cirugía que permite analizar un único ganglio de la axila para saber si las células tumorales se han extendido fuera de la mama en lugar de extirpar indiscriminadamente los nódulos de la zona. De esta manera se evita la acumulación de linfa en la extremidad que caracteriza al linfedema.
El estudio ‘Linfedema: prevención y calidad de vida’ (realizado por FECMA en colaboración con la compañía Pfizer), entrevistó por un lado a 543 profesionales sanitarios de 218 hospitales y, por otro, a varias decenas de mujeres que participaron en distintos grupos de discusión en las sedes de 11 asociaciones de todo el país.
Mientras el 59% de los sanitarios (oncólogos, ginecólogos, cirujanos, fisioterapeutas…) aseguraba que en su hospital se realizaba una adecuada prevención del linfedema y un 88% respondía que la educación sanitaria a las mujeres es suficiente; la queja más extendida en los grupos de discusión fue la falta de una adecuada información para evitar la aparición del problema.
En el 75% de los casos, el linfedema aparece en el primer año tras la cirugía y la hinchazón no suele aparecer de forma brusca, sino que se produce después de ciertas sensaciones de endurecimiento y pesadez en el brazo. Como subraya Montse Gironés, especialista en rehabilitación y coordinadora del documento, “las mujeres deben saber que su aparición de puede prevenir, mediante ejercicios específicos de drenaje que un especialista en Fisioterapia puede enseñar a la propia paciente y con un seguimiento estrecho”.
Falta información
La mayor parte de las participantes comentó que no había recibido ninguna información, ni preventiva ni específica, sobre el linfedema en los centros públicos y muchas se quejaron de falta de sensibilidad o concienciación por parte del estamento sanitario. “Para ellos es una secuela menor”, “es como si el linfedema no existiera”, “es una especie de patito feo”, “sólo les importa salvar la vida”, “el linfedema es el gran desconocido”, fueron algunas de las frases más escuchadas en este sentido.
De hecho, la mayoría supo qué era este trastorno demasiado tarde, cuando la hinchazón ya estaba instaurada o ya no había remedio. “Al mes [de la operación] empezaron los dolores enormes. A raíz de eso pregunté a los médicos y empezaron a contarme algo de lo que era”, relataba una de las mujeres. Para otras, la información que recibieron de sus médicos se limitaba a “no hacer esfuerzo y no coger peso”; y otras incluso sufrieron la desinformación en otros ámbitos, por ejemplo, cuando les trataron de pinchar o tomar la tensión en el brazo afectado. Una minoría reflejaba cierta sensación de ‘culpabilidad’: “si lo tienes es porque no te cuidas”, “por tonta, seguro que has hecho algo que no tenías que hacer”.
Gironés, especialista del servicio de Rehabilitación del Hospital Clínic de Barcelona, subraya que el linfedema no afecta sólo a la calidad de vida de las mujeres, sino también a su bolsillo. Fueron muchas, las que respondieron que tuvieron que recurrir a servicios privados para recibir masajes de drenaje linfático de forma continuada. “Esto supone unos gastos complementarios adicionales a todo lo que comporta el cáncer de mama, con el agravante de que la mayoría de afectados se encuentra en una situación de inactividad laboral”; subraya el trabajo para denunciar “la falta de recursos sanitarios dentro del Sistema Nacional de Salud destinados a la prevención y tratamiento del linfedema”.
Prevenir es más barato
En declaraciones a elmundo.es, esta especialista subraya que un adecuado tratamiento preventivo resultaría mucho más barato que las consecuencias de tener que tratar el edema. “Un fisioterapeuta puede estar una hora enseñando a un grupo de 20 mujeres las pautas adecuadas para evitar el linfedema; y eso resulta mucho más barato que el tratamiento de tres cuartos de hora que puede requerir cada una de ellas si se les hincha el brazo”.
Al analizar el estado de la cuestión por comunidades, el informe asegura que “en la actualidad existen 17 realidades de actuación diferentes, dependiendo de la política sanitaria que ejecute cada comunidad”. Tampoco pasa desapercibido para la autora que la variabilidad de criterio médico a la hora de abordar este problema linfático no refleja otra cosa que la “escasa existencia de investigaciones científicas que avalen la efectividad terapéutica y ofrezcan una misma línea de actuación”.
El estudio recomienda que se informe a las mujeres con cáncer de mama sobre qué es el linfedema al inicio de su tratamiento oncológico o bien en las visitas con el cirujano previas al ingreso; “y no cuando aparezca el problema”. En resumen, tratamiento rehabilitador de manera precoz y continuada en los hospitales públicos, soporte psicológico, realización de la técnica del ganglio centinela y más información son las recetas que propone el trabajo para frenar y prevenir esta molesta e incapacitante secuela del cáncer de mama.
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Las principales causas de este descenso son el diagnóstico precoz y la aplicación de tratamientos individualizados, menos agresivos.
Valencia. (EFE).- La mortalidad por cáncer de mama ha disminuido en los últimos diez años por primera vez en la historia, y las principales causas de este descenso son el diagnóstico precoz de la enfermedad y la aplicación de tratamientos individualizados, más eficaces y menos agresivos. Así lo ha asegurado la jefa del servicio de Oncología del Hospital Clínico de Valencia, Ana Lluch.
Una de cada ocho mujeres puede tener a lo largo de su vida un cáncer de mama, y cada año se diagnostican en España entre 18.000 y 20.000 nuevos casos de esta enfermedad, que si se descubre en una fase inicial tiene un porcentaje de curación de hasta el 80 o 90 por ciento.
Uno de los factores que ha influido en este alto porcentaje de curación han sido las campañas de screening, que permiten diagnosticar los tumores en una fase inicial en mujeres de entre 45 y 50 años, edades en los que se produce una mayor incidencia de la enfermedad. En estas campañas no están incluidas las menores de 35 años, a pesar de que entre el 10 y el 15 por ciento de los casos se producen a esas edades, debido a que al tener la glándula mamaria más conductos el resultado de la radiografía puede ser errónea.
Ana Lluch ha destacado que la mujer debe conocer sus propios pechos y autoexplorarse todos los meses después de tener su menstruación, y ante cualquier alteración que note debe acudir al especialista.
De hecho, un estudio reveló que las mujeres que acudían al diagnóstico cuando ya habían notado algo anormal en el pecho recaían en el 35 o 40 por ciento de los casos, mientras que en aquellas que acudían a un programa de prevención sin notar nada y era la mamografía la que les detectaba el tumor, el porcentaje de recaídas disminuía hasta el 15 o 18 por ciento.
Respecto a las causas del incremento del número de casos en mujeres menores de 35 años, Lluch ha señalado que una de las hipótesis es que ha aumentado la edad del primer embarazo, ya que el primer hijo se tiene alrededor de los 30 años frente a los 24 o 25 de antes, y la gestación es un factor protector del cáncer de mama.
Además, influyen otros aspectos como la falta de ejercicio o la alimentación, ya que el consumo excesivo de grasas influye en la cantidad de hormonas femeninas que, según se ha demostrado en experimentación animal, pueden ser causantes del cáncer de mama. “Recomendamos una vida saludable, evitar la obesidad y no consumir tabaco ni alcohol”, ha señalado la oncóloga, quien ha indicado que solo el cinco por ciento de los cánceres de mama son hereditarios debido a que la madre o la abuela ha transmitido la alteración genética.
Desde hace unos cinco años se conoce que hay un gen que puede estar alterado y se puede transmitir, y en aquella aquellas mujeres que tienen esa herencia se eleva al 70 u 80 por cien la probabilidad de que tenga un cáncer de mama y al 50 o 60 por cien la posibilidad de un cáncer de ovario.
La Unidad de Consulta Genética del Hospital Clínico tiene en la actualidad más de 100 familias con esta alteración genética, a cuyos miembros se está estudiando para determinar si tienen el gen, ya que si es así las probabilidades de que tengan el cáncer son muy altas.
Lluch ha señalado que en la actualidad se tiende a aplicar tratamientos más biológicos y específicos, y a reducir los genéricos como la actual quimioterapia, que mata tanto las células tumorales como las que no lo son, aunque ha indicado que de momento ésta no se puede eliminar totalmente. También ha destacado que si el diagnóstico es precoz los tratamientos son más conservadores, y se puede evitar la amputación de la mama y eliminar el riesgo de un linfedema, hinchazón que se produce en el brazo tras realizar una cirugía agresiva en la axila para eliminar ganglios y que comporta problemas de morbilidad a la paciente.
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